Quédate un ratito
Quisiera que fuera un blog confortable, para poder quedarse un ratito y pasear.
viernes, marzo 17, 2006
jueves, marzo 02, 2006
Vocación Profesional.

La peluquera empezó a cortar las puntas justo en el momento en que sonó el teléfono. El cliente miró la pantalla del terminal, y viendo que se trataba de una llamada de trabajo decidió no cogerlo.
- Atienda, no se preocupe.
- Oh, no, se trata de trabajo. Mi trabajo es muy estresante, ¿sabe?. A saber qué habrá ocurrido esta vez.
Parecía una persona tranquila, calmada, pero en la llamada su mirada se tornó odio puro. La peluquera miró de reojo al espejo y vió como el cliente tomaba una bocanada de aire y lo dejaba ir lentamente, descansando sus brazos por la silla de barbero.
Volvieron a llamar. Cara de fastidio y acepta la llamada, aunque se mantiene en silencio.
- Ok, es muy simple: ha habido una violación.
La peluquera intenta disimular su asombro mientras su cliente va exaltándose cada vez más.
- Mira, las violaciones ahí son bastante frecuentes, así que el remedio es bien sencillo: asegúrate de que todas tienen un padre en su origen y no pasarán estas cosas. Mejor aún, revisa aquellas que no tienen padre y encontrarás las que acaban siendo violadas.
Nunca en la peluquería había entrado un detective privado. ¿O quizás era un policía?. Siguió cortándole las puntas pensando en la humanidad de su cliente. Dedicado a preservar el bien, a que el mundo estuviera libre de delincuentes, violadores, asesinos,... El rostro de él parecía más bello, más noble. Un verdadero policía secreta, como los del FBI, dispuestos a encontrar el asesino a cualquier precio.
- Entiendo, que están a punto de ejecutarlo. Ok.
La sangre de la peluquera se heló por momentos. ¿Era su cliente un verdugo? A quien iban a ejecutar, quizás el violador, tenía su vida dependiendo de su aprobación. ¿Qué clase de policía ordena una ejecución?
- Que sí, que sí, que no pasa nada, que lo ejecuten... es más, ejecútalo tú mismo. No tengas miedo, que no pasa nada, y si ves que las cosas se ponen feas, lo matas y punto.
No se trataba de una ejecución a muerte. ¡Se estaba refiriendo a una tortura! No lo podía creer. El cliente ahora estaba menos nervioso, escuchando como su interlocutor le argumentaba motivos, intenciones. Él estaba frio como el polo. Tan soberbio en su tono, mandando torturar a un hombre. La peluquera sintió una pequeña convulsión nerviosa en su estómago. Estaba cortándole el pelo a un verdugo, a un asesino.
- Si, tranquilo, me espero a que lo ejecutes.
A la peluquera empezó a temblarle el pulso. Cada minuto que sucedía estaba peor... ¿cuánto tiempo duraría la tortura? No había respuesta por parte del otro interlocutor. Increíble. Ella lo entendió todo: traje oscuro, corbata blanca. La mafia, seguro. Quería llorar, pero tuvo miedo.
- Míra, déjalo. Mátalo y ya veré qué me invento.
Hijo de puta.
- Que sí, que te he dicho que lo mates, que no puedo esperar más. Mátalo tú, hostias, ¿o tengo que ir a matarlo yo, como siempre?
Matón, asesino, hijo de puta.
- Ah, que ya lo has matado... bien. Mejor, así liberaremos espacio.
La peluquera sintió que le estaba cortando el pelo al peor nazi de la historia. Pensó por un momento clavarle la punta de la tijera en la yugular y dejar al cerdo desangrarse en el sillón del trono de su brutalidad. Liberar espacio. La muerte de un hombre era sólo liberar espacio, aunque fuera un violador.
- ¿Un zombie? ¿Pero a tí quien te ha enseñado? -loco de furia- ¡Acaso no sabes matar sin que se quede zombie! Sigue intentando matarlo hasta que muera... mira, yo no tengo mucho tiempo ahora. Luego te llamo y me cuentas cómo acabó todo.
La peluquera no salía de su asombro. ¿Policía?, ¿asesino?, ¿mafioso?, ¿Exorcista?
- Disculpe una pregunta, caballero,... ¿a qué se dedica?- Preguntó temblorosa, a punto de llorar.
- Hija mía, la informática es muy complicada, ¡quién fuera peluquero!
- Ay...
- Atienda, no se preocupe.
- Oh, no, se trata de trabajo. Mi trabajo es muy estresante, ¿sabe?. A saber qué habrá ocurrido esta vez.
Parecía una persona tranquila, calmada, pero en la llamada su mirada se tornó odio puro. La peluquera miró de reojo al espejo y vió como el cliente tomaba una bocanada de aire y lo dejaba ir lentamente, descansando sus brazos por la silla de barbero.
Volvieron a llamar. Cara de fastidio y acepta la llamada, aunque se mantiene en silencio.
- Ok, es muy simple: ha habido una violación.
La peluquera intenta disimular su asombro mientras su cliente va exaltándose cada vez más.
- Mira, las violaciones ahí son bastante frecuentes, así que el remedio es bien sencillo: asegúrate de que todas tienen un padre en su origen y no pasarán estas cosas. Mejor aún, revisa aquellas que no tienen padre y encontrarás las que acaban siendo violadas.
Nunca en la peluquería había entrado un detective privado. ¿O quizás era un policía?. Siguió cortándole las puntas pensando en la humanidad de su cliente. Dedicado a preservar el bien, a que el mundo estuviera libre de delincuentes, violadores, asesinos,... El rostro de él parecía más bello, más noble. Un verdadero policía secreta, como los del FBI, dispuestos a encontrar el asesino a cualquier precio.
- Entiendo, que están a punto de ejecutarlo. Ok.
La sangre de la peluquera se heló por momentos. ¿Era su cliente un verdugo? A quien iban a ejecutar, quizás el violador, tenía su vida dependiendo de su aprobación. ¿Qué clase de policía ordena una ejecución?
- Que sí, que sí, que no pasa nada, que lo ejecuten... es más, ejecútalo tú mismo. No tengas miedo, que no pasa nada, y si ves que las cosas se ponen feas, lo matas y punto.
No se trataba de una ejecución a muerte. ¡Se estaba refiriendo a una tortura! No lo podía creer. El cliente ahora estaba menos nervioso, escuchando como su interlocutor le argumentaba motivos, intenciones. Él estaba frio como el polo. Tan soberbio en su tono, mandando torturar a un hombre. La peluquera sintió una pequeña convulsión nerviosa en su estómago. Estaba cortándole el pelo a un verdugo, a un asesino.
- Si, tranquilo, me espero a que lo ejecutes.
A la peluquera empezó a temblarle el pulso. Cada minuto que sucedía estaba peor... ¿cuánto tiempo duraría la tortura? No había respuesta por parte del otro interlocutor. Increíble. Ella lo entendió todo: traje oscuro, corbata blanca. La mafia, seguro. Quería llorar, pero tuvo miedo.
- Míra, déjalo. Mátalo y ya veré qué me invento.
Hijo de puta.
- Que sí, que te he dicho que lo mates, que no puedo esperar más. Mátalo tú, hostias, ¿o tengo que ir a matarlo yo, como siempre?
Matón, asesino, hijo de puta.
- Ah, que ya lo has matado... bien. Mejor, así liberaremos espacio.
La peluquera sintió que le estaba cortando el pelo al peor nazi de la historia. Pensó por un momento clavarle la punta de la tijera en la yugular y dejar al cerdo desangrarse en el sillón del trono de su brutalidad. Liberar espacio. La muerte de un hombre era sólo liberar espacio, aunque fuera un violador.
- ¿Un zombie? ¿Pero a tí quien te ha enseñado? -loco de furia- ¡Acaso no sabes matar sin que se quede zombie! Sigue intentando matarlo hasta que muera... mira, yo no tengo mucho tiempo ahora. Luego te llamo y me cuentas cómo acabó todo.
La peluquera no salía de su asombro. ¿Policía?, ¿asesino?, ¿mafioso?, ¿Exorcista?
- Disculpe una pregunta, caballero,... ¿a qué se dedica?- Preguntó temblorosa, a punto de llorar.
- Hija mía, la informática es muy complicada, ¡quién fuera peluquero!
- Ay...




